Arte y Ocio

Exhibición fotográfica revive a Frida Kahlo

por Hugo Marín (hugo.marin@lamegamedia.com)


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PITTSBURGH, Pensilvania — Durante el mes de mayo, el prestigioso museo, The Frick, en Pittsburgh, está presentando una mirada cercana y conmovedora de la vida personal de una de las artistas mexicanas más reconocidas del mundo, Frida Kahlo. 

A través de 115 fotografías seleccionadas de sus álbumes privados, la exhibición nos permite ver a Frida a través de los ojos de sus amigos, familiares (incluido su padre, el fotógrafo profesional Guillermo Kahlo) y otros artistas gráficos destacados como Tina Modotti, Manuel Álvarez Bravo y Nickolas Muray. 

Como todos los álbumes familiares, estas imágenes cuentan una historia; y retratan además su turbulento matrimonio con el famoso muralista Diego Rivera.

La vida de Frida fue muy compleja, hecho que se refleja marcadamente en todo su trabajo artístico. 

Con pinceles finos, Frida Kahlo pintó minuciosamente su emblemática ceja y bigote en decenas de autorretratos. 

Esta misma Frida también se quitó tres años de edad, afirmando que 1910 fue el año en que nació en Coyoacán, México, en lugar de 1907.

Muchas personas podrán pensar que lo hizo por vanidad y hacerse más joven, pero para Frida –quien siempre fue su propia modelo favorita– no se trataba tanto de preservar una belleza juvenil, sino de identificarse con México, su amada patria. 

El “año de nacimiento adquirido” de Frida coincide con el estallido de la Revolución Mexicana (1910) y el derrocamiento del presidente Porfirio Díaz.

Para comprender a Frida Kahlo, su persona y pinturas, hay que dejar atrás los pensamientos convencionales y las fechas. 

Al mismo tiempo, paradójicamente, requiere el contexto de la historia. 

Fue una artista revolucionaria nacida en medio de un caos político en su tierra natal. 

No importa si estaba en París, Nueva York o Coyoacán, se vistió siempre con los trajes e indumentaria indígena. 

Por mucho que el país de Frida la definiera, también lo hizo su esposo, el célebre muralista Diego Rivera. 

Si México era su padre, Rivera, 20 años mayor que ella, era como su “hijo mayor”. 

Ella a menudo se refería a él como su bebé. 

Lo conoció cuando aún era una colegiala y más tarde, en 1929, se convirtió en la tercera esposa de un hombre que aceptó oficialmente un diagnóstico médico, certificando que no era apto para la monogamia.

Aunque el trabajo de Frida es usualmente fantástico y a veces sangriento, ha sido descrito como surrealista. 

Ella una vez escribió que nunca supo lo que era el surrealismo “hasta que André Breton vino a México y me dijo que yo lo era”. Sin embargo, Frida evitó las etiquetas y Diego argumentó que ella era una realista. 

“Realmente no sé si mis pinturas son surrealistas o no, pero sí sé que son la expresión más franca de mí misma”, escribió Frida. 

“Dado que mis temas siempre han sido mis sensaciones, mis estados de ánimo y las reacciones profundas que la vida ha ido produciendo en mí, frecuentemente he objetivado todo esto en figuras de mí misma, que fueron lo más sincero y real que pude hacer para poder expresar lo que sentía dentro y fuera de mí”.

Esta puede ser una gran oportunidad para introducir a sus pequeños, dándoles una experiencia de inmersión sobre una de las más grandes exponentes del arte mundial, y que es “tan latina como tú”. 



 

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